Hacer la guerra... ¿O hacer el comercio?

“Hemos encontrado que cuando las guerras son debidas a la desigualdad de recursos, en la gran mayoría de los casos las transferencias evitan las guerras”, explica el catedrático Luís Corchón, del Departamento de Economía de la UC3M, que ha publicado el estudio junto con la profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona, Carmen Beviá, en Games and Economic Behavior, la revista que dentro de la teoría económica tiene mayor impacto en el Social Sciences Citation Index, según datos del pasado año.

Los economistas que han desarrollado esta investigación están interesados en cómo evitar las guerras cuando no hay un órgano que garantice el cumplimiento de los tratados de paz, como la ONU. En este caso, lo único que pueden hacer los países es transferirse recursos (a través de tratados de comercio, regalos, ayudas, etc.) y esperar que una vez realizada esta transferencia, nadie tenga incentivos para comenzar un conflicto.

Para dar una idea de lo bien que funciona este mecanismo los investigadores han realizado una serie de hipótesis que permiten calcular la probabilidad de que se produzca una guerra. “Sin transferencia – detallan – es del 38,6 por ciento, mientras que con transferencias disminuye al 4,6 por ciento, por lo que se puede deducir que las transferencias eliminan el 88 por ciento de los conflictos”, concluyen. En otros tipos de guerra, sin embargo, este mecanismo no resulta tan útil. Por ejemplo, cuando la probabilidad de ganar la guerra no depende casi nada de los recursos, los incentivos del país pobre a atacar son tan grandes que no hay manera de conseguir que sea pacífico, señalan. O al revés, cuando las probabilidades de ganar la guerra dependen mucho de los recursos, no hay manera de parar el ataque del país más poderoso. “En definitiva – resume el profesor Corchón – nuestro trabajo fija los límites de las políticas de apaciguamiento e ilustra que en muchos casos no es necesario que haya un tercer poder que imponga la paz, porque la negociación entre los países en el ámbito de las transferencias puede detener las agresiones”.

Los autores del estudio estudian la guerra desde el punto de vista de la decisión racional, sin tener en cuenta elementos ajenos a la teoría económica y que pueden resultar importantes para entender su origen, como la religión, los conflictos étnicos o motivos históricos o emocionales. En este contexto, han encontrado que hay tres causas fundamentales de los conflictos armados: desigualdad en los recursos, que el resultado de la guerra no dependa mucho de los medios materiales y la superioridad militar del país más poderoso económicamente. En los dos primeros casos su suele dar la paradoja de que son los países más pobres los que empiezan la guerra, a pesar de la probabilidad de que la ganen es relativamente pequeña. Esta tendencia de los países relativamente débiles a empezar guerras y a perderlas ya fue notada por Adam Smith y Carl von Clausewitz y se conoce como la paradoja de las contiendas entre países desiguales (“uneven contenders paradox”), apuntan los investigadores.

Este estudio forma parte de un programa de investigación sobre el impacto y los orígenes del conflicto sobre la asignación de recursos. Los autores analizan las causas económicas de los conflictos e indican la manera de evitarlos. “Si no se tienen en cuenta factores emocionales, étnicos o religiosos hay muchas contiendas que se pueden explicar simplemente como movimientos de actores racionales que persiguen su propio beneficio, esencialmente material, como recursos, minas, gente, tierras fértiles... – señala Luís Corchón -. El mayor logro de esta teoría de las contiendas – continúa - es hacernos comprender que una sociedad en la que todos los agentes son racionales puede ser autodestructiva”.

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