Mujeres y hombres: Cuando la relación deja de ser "miel sobre hojuelas"

A nadie debe haber dejado indiferente el reciente episodio de uno de los artistas favoritos del Festival de Viña del Mar, Alejandro Sanz, cuando en mitad de su concierto en la ciudad de Rosarito, en el estado mexicano de Baja California, detuvo su show para increpar a un hombre que violentaba a una mujer. En este contexto cabe una vez más preguntarse, ¿cuál es el patrón común entre las mujeres que sufren violencia y que no salen de ese círculo?.

En este sentido, Francisco Merino, docente de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, comentó: “Muchas mujeres se sienten amarradas al discurso de cómo debe ser una mujer o buena madre. Este tipo de mujeres se restringen y se ven de una manera que calza con estos hombres. También depende de la importancia que se le da a la familia nuclear, que es el típico discurso ‘no me puedo separar porque están mis hijos’. Es un tema de límites personales, de construcción de identidad personal”

Merino, quien es experto en violencia de género y psicólogo del Centro de Atención y Prevención de Violencia Familiar y Maltrato Infantil perteneciente a la Corporación del Desarrollo Integral de la Familia, añade: "El acto de intervenir en una situación de violencia de género, denunciando el hecho y parando la situación, se encuadra hacia la toma de responsabilidad que como personas tenemos hacia problemas que afectan a la sociedad en su conjunto”.

“Este actuar expone la importancia de que cada uno de nosotros, en su diario vivir, genere los espacios para  mirarnos de diferente manera, donde las creencias, experiencias, valores, actos y pensamientos no se originan ni pertenecen a un individuo separado o aislado, sino que se generan y nacen en el seno de un campo inter-relacional, ya sea en terapia o en el mundo social”, comenta el profesional y agrega: “Como personas estamos en constante relación en un sistema intersubjetivo de significados, que da a lugar una singularidad o subjetividad de la cual todos somos responsables.  El hecho de actuar frente a una situación de violencia, genera una narrativa que se mueve en el sentido de lo ético, la cual puede promover nuevas formas de ser y de ejercer formas de apreciación de los problemas humanos. Vivimos en una sociedad violenta. En general, la violencia intrafamiliar se ve de manera muy micro, cuando en la realidad es un tema cultural, histórico e incluso político. Mientras no haya una educación macro del tema de la violencia, no van a bajar las cifras. Porque no es un tema privado, es una problemática pública. Hay un discurso patriarcal, porque aún hay sectores de la población donde la violencia está naturalizada.

En Chile se contempla al femicidio como violencia intrafamiliar, es decir, un homicidio de una mujer a manos de su esposo o pareja. En otras partes del mundo el concepto es más amplio, ya que incluye los casos donde asesinan a una mujer solamente por su género y no necesariamente por la acción de su pareja. En este sentido, Merino dice que el peligro está cuando la violencia contra la mujer está naturalizada. Hoy en día con la tecnología a mano, el control puede ser aún mayor. “A medida que pasa el tiempo van apareciendo otras formas de violencia, como el control del celular, las claves de redes sociales, las formas de convivencia, etc. Además, entre las mujeres están aceptadas ciertas conductas violentas, porque las ven como celos demostrativos de amor. Está minimizado y naturalizado”, explica el referido académico.

Los hombres que ejercen violencia contra la mujer tienden a tener comportamientos comunes. “Generalmente los hombres que ejercen violencia provienen de una familia que tiene un discurso violento sobre el género. Tienden a ser más controladores, en el sentido de revisar para sentirse seguros (por ejemplo, el celular de su pareja), controlar el dinero y las salidas. Otra característica común es que ven a la mujer sólo en un rol y la juzgan desde esa mirada. Por ejemplo, si es una pareja con hijos, la ven sólo como madre, olvidando que es mujer, persona, etc. La visión enmarca a la mujer dentro de un rol muy predeterminado y con escasas posibilidades de movilizarse a otro aspecto. Un ejemplo común de esto es la frase ‘es que las mujeres no trabajan’”, explica Merino.

Es por esas construcciones mentales tan interiorizadas en el hombre que ejerce violencia, que el cambio en ellos es un proceso muy difícil. “Ellos deben aprender a ser capaces de ver a la pareja en sus múltiples construcciones sociales. Es un proceso largo de resignificaciones culturales y de roles que puede durar uno o dos años, donde hay bastantes recaídas, que se deben asumir como algo normal del proceso”, declara el especialista, en cuya opinión una de las señales más claras es el control excesivo y el aislamiento de la red de apoyo de la mujer.  Hay que poner ojo cuando la pareja va quitando y limitando el tiempo personal (como aislarlo de sus amigos y familiares, no permitir salidas, etc.). Eso es un signo claro.

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